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Fidel Castro: Cenizas de un fraude



“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” (Gen.3:19) nos advierte el Génesis.



Eso es todo lo material que queda de Fidel Castro. Ya se desvanecieron sus sueños de grandeza, su sentido épico de la vida, su ambición de poder y su ego gigantesco, que lo condujo a creer que el mundo giraba en torno a él.

La obra de su vida fue toda una ofrenda a su persona. Escondió sus delirios de emperador caribeño, tras la máscara de liberador de pueblos oprimidos. No le importó nunca la cuota de sangre que otros pagaron. De la suya no derramó nunca, ni una gota.

No existen datos de su vida laboral. Como abogado no defendió jamás ningún caso. Era un agitador profesional, que se bautizó como revolucionario. Jamás se ganó el pan con el sudor de su frente. Otros regaron con su sudor los planes estériles que concibieron sus fantasías.

Fidel fue el más fiel de los fidelistas. La esencia de su ideología se basó siempre en lo que mejor convenía a su vocación de poder. Para eso y por eso vivió. Todo lo demás fueron pretextos que ocultaban el verdadero motivo de sus aventuras.

Fue un farsante que se robó símbolos del facismo y el nazismo como “la marcha de las antorchas”; frases hitlerianas como la “historia me absolverá” y calificativos antisemitas de Goebbels para calificar de “gusanos” a sus opositores.

Sus cenizas estarán, por ahora, en el Cementerio Santa Efigenia de Santiago de Cuba, que guarda los restos de José Martí, a quien tanto plagió, pero con toda seguridad la Historia no lo absolverá.

Y en el trayecto hacia Santiago de Cuba, sucedió lo que tenía que suceder...A empujar...Echenle gasolina!!!

 

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