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¿Por qué Cuba impide que los cubanos inviertan sus $3,000 millones anuales que reciben en remesas?


La ideología comunista que abraza desde hace 60 años la dictadura cubana es la camisa de fuerza que impide el desarrollo económico del país.
Por muy rotunda que parezca, la afirmación anterior no es una exageración. 



La ideología limita al extremo la propiedad empresarial privada en favor del Estado.
La ideología favorece la existencia de un Partido único, en detrimento de la pluralidad de opciones políticas.
La ideología restringe la libertad de expresión, prohíbe la prensa libre y reprime a sus opositores.
La lista podría ser tan extensa como lo son los derechos garantizados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos con los que la dictadura se limpia el rostro, antes de tirarlos al cesto de la basura.
La ideología impide que los cubanos puedan invertir las remesas que reciben desde el exterior en empresas de producción y servicios, en la construcción, las comunicaciones y el transporte, entre otros sectores.
La ideología que ampara a la cúpula gobernante de la dictadura, reclama para el Estado la última palabra. 

El dinero que reciben los cubanos desde el exterior lo dedican en su mayor parte a comprar bienes de consumo y servicios. Con el resto han germinado algunas iniciativas privadas, estrictamente reguladas por las leyes, para que no puedan crecer ni acumular riqueza.

Aunque el monto de las remesas difiere según las fuentes, el economista cubano Armando Nova considera que “en 2015, sumaron 3.354 millones de dólares y 3.600 millones en 2016”.


Patricia Grogg de la agencia International Press Services (IPS) publicó el sábado desde La Habana un artículo titulado  Las remesas en Cuba: ¿ayuda individual o negocio colectivo? que pone el dedo sobre esta llaga que lacera a la economía nacional.

“Este investigador y otros especialistas coinciden en que la nación caribeña necesita dar pasos novedosos para que una cuantía considerable de las remesas que llega al país y se destina al consumo, fundamentalmente, pueda emplearse en la inversión y el crecimiento económicos”, afirma el artículo.

Los cuentapropistas cubanos han impulsado las ventas en la Zona de Libre de Comercio de Colón (ZLC) de Panamá comprando allí miles de dólares en productos que llevan a la isla para sus respectivos negocios, porque en Cuba no existe el comercio mayorista destinado a ese pequeño sector privado.

El presidente de la Asociación de Usuarios de la Zona Libre de Colón, Daniel Rojas, dijo a EFE que los cubanos compran entre $1,000 y $3,000 dólares en cada visita y algunos gastan $5,000 dólares que es la suma máxima que pueden sacar de la isla.

La administración de la ZLC, ha informado que 23,527 cubanos fueron a comprar en la Zona en el primer semestre de este año. La cifra representa el 40,1% de los 57, 121 turistas de compras que visitaron el lugar.




 Ahora que Panamá ha suspendido la entrega de tarjetas de turismo a los  cubanos, La Habana podría, al menos, abrir el mercado mayorista que los cuentapropistas necesitan. Si la ideología permitía que salieran del país para dejar sus dólares en Panama, bien podría permitirle comprar ahora en Cuba.

El artículo publicado por IPS recuerda que “una encuesta realizada en 2016 por el Centro de Estudios de la Población de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba, arrojó que de forma permanente o temporal, 77 por ciento de las personas emigradas envía algún tipo de ayuda a sus familias y amistades en este país insular caribeño.

El estudio reveló que el 32 por ciento de los cubanos reciben remesas o ayuda del exterior.

Según datos de Naciones Unidos de 2017, citados por IPS, 1.558.312 han emigrado del país, y esta emigración se ha dirigido especialmente a EE.UU donde viven 1.251.037, que representa 80,3 por ciento del total, seguido de lejos por España (8,58 por ciento) e Italia (2,21 por ciento).

A pesar de que la Administración Trump limitó a $1,000 el envío de remesas a familiares en Cuba, las dólares estadounidenses seguirán llegando a la isla de una manera u otra.

El poeta y escritor cubano, Néstor Díaz de Villegas, aborda el tema de manera tangencial, en su libro "De donde son los gusanos" (Vintage español, agosto 2019) cuando describe el país que encontró tras su viaje a Cuba después de 37 años de exilio. Es una excelente obra que supera el simple relato de viajes. Es un análisis del daño antropológico causado por el castrismo a la nación, escrito con la sensibilidad de un poeta.

"¿Dónde está el dinero que le enviamos? La Habana deber'ia tener aceras pavimentadas, hospitales con sábanas limpias, calles sin baches y un excelente transporte público. En otra partes, con ese capital -con el aluvión de dinero de permisos, pasaportes, remesas, recargas telefónicas, impuestos y la internet más cara del mundo, más el infame gravamen que se le impone a la divisa- cualquier ciudad estaría mejor atendida".


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