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Cuatro Caminos y el insostenible socialismo castrista


La tángana protagonizada en el mercado habanero de Cuatro Caminos, me motiva a retomar este comentario, que ya había dejado en mi baúl de casos perdidos.

Me da tristeza Cuba. Me entristecen los cubanos. Me apena lo que padecen, sus carencias, sus necesidades. Es triste el balance de lo que el castrismo se llevó. Es doblemente triste porque todo eso es gratuito, innecesario. Y porque muchos también creen que viven en el mejor de los mundos.


Los cubanos no tienen por qué sufrir lo que sufren: Las consecuencias de una ideología ineficiente, inoperante, desechada por la historia. Un régimen enquistado en el poder hace seis décadas que ha llevado al país a la ruina económica, política, social y moral.

Termino aquí esta abrupta tabarra política. A riesgo de que me tilden de pretencioso, comparto con mis lectores (ojalá que sean desde Cuba), una colección de fotos de agromercados bien surtidos. Sin tumultos, sin titulares noticiosos, sin alardes.

Son de Europa en este caso. Ciudades con millones de habitantes y otras más pequeñas con algunos miles. Es una escena que se repite en cualquier otra parte del mundo, donde el Estado no sea el dueño y señor de vidas y haciendas.
 
A todos ellos llegan cada día estos productos cosechados por agricultores y campesinos libres. Distribuidores libres. Sin trabas ni regulaciones estatales hijas de una ideología obsoleta. No hay empresas estales de acopio. Hay demanda y oferta. Precios regulados por las realidades del mercado, no por los caprichos de burócratas oxidados.


Quizás sean el mejor ejemplo de lo ineficiente que es el sistema impuesto en Cuba: El socialismo castrista, que ni es próspero ni sostenible y ni siquiera es socialismo. 




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